• Plan de acción Coronavirus
  • » Proveedores » Trabajadores/as » Canales de denuncia » Transparencia activa

    Manuel González, brigadista de El Teniente: “Lo que más me enorgullece es el reconocimiento de mis compañeros”

    Haber sido el primer rescatista en descender a la mina San José y el último en abandonar ese yacimiento, es sin duda la experiencia que más ha marcado su vida. Sin embargo, la fama que le dio ese hecho no es lo más importante para él. Su mayor orgullo es la sala que lleva su nombre en la mina Diablo Regimiento, en la que trabaja hasta el día de hoy.

    Miércoles 14 de septiembre de 2016
    COMPARTIR
    • Linkedin
    • Facebook
    • Twitter
    Disminuir Fuente Aumentar Fuente Imprimir

     

    Imagen foto_00000001
    "Lo bueno es que el homenaje se hizo en vida, no cuando hubiese dejado la mina o ya no estuviera", expresa Manuel González.


    A sus 52 años, Manuel González Pavez se considera un minero experimentado. Seis años después del rescate de los 33 mineros de Atacama, las cosas para él no han cambiado mucho. Sigue trabajando normal como jefe de turno de Perforación y Tronadura en la mina subterránea de División El Teniente, como lo ha hecho por más de 26 años (la mitad de su vida). Después de mucho insistir, reconoce que como brigadista, sí cree estar algo por arriba del promedio. Más que nada por su preparación y por las operaciones en las que le ha tocado participar.

    ¿Cómo llegó a El Teniente?

    Llegué en 1990 tras el término de la dictadura. En esa época se abrió un espacio en la que entró harta gente. Yo era futbolista profesional y justo ese año había terminado de jugar, se abrió la opción y la tomé.

    Entré como operario sin saber de minería, pero con los años fui adquiriendo experiencia. Lo bueno es que siempre fui sano y deportista y eso me ayudó. He pasado por casi todos los procesos de la mina y creo que la conozco en su totalidad y he aprendido sobre el comportamiento del cerro y los tipos de roca.

    Llegué a Construcción y Desarrollo, que es la primera parte del proceso minero. Pasé por tronadura, perforación, estuve en producción, conozco el tema de las plantas, los chancadores, manejé jumbos, palas LHD, fui cachorrero, cargué frentes con explosivos... prácticamente hice de todo.

    ¿De qué forma deporte marcó su vida?

    Jugué desde 1982 a 1985 por O'Higgins y luego me fui a Arica, donde estuve hasta 1990, cuando entré a El Teniente. Eso igual te da oportunidades, porque en El Teniente era muy valorado ser deportista, es algo que me ha ayudado mucho en la vida.

    Estadísticamente, un trabajador sano y deportista es más productivo, y en mi caso eso se vio siempre ratificado.

    Era una especie de Marcelo Díaz actual.

    ¿Cómo surgió la idea de ser rescatista?

    Siempre he tenido la vocación de servir y ayudar a la gente. Cuando llegué a El Teniente fuimos a ayudar en un evento de un gran estallido de roca y ahí partí en ese camino. Luego uno se empieza a capacitar y a la fecha tengo todos los cursos existentes en la materia. Nos preparan mucho, además es necesario para cumplir con la legislación actual.

    No hay un liderazgo definido, pero generalmente me toca estar a la cabeza cuando hay alguna emergencia, me reconocen como líder y en este caso la antigüedad sí constituye grado.

    Creo que como brigadista puedo aportar mucho por la experiencia que he acumulado, y me gustaría dedicarme a ello en mi última etapa laboral.

    ¿Cómo surgió el bautizo de la sala con su nombre?

    Luego del rescate de los 33 mineros en Atacama, recibí muchos reconocimientos y homenajes a nivel local, nacional e internacional, pero quizás el más importante y emotivo fue el que me hicieron en el Diablo Regimiento, ya que fue de mis propios compañeros.

    Fue una sorpresa. Me dijeron que los trabajadores del turno querían compartir una torta conmigo, y cuando llegué me encontré con este homenaje. Ese choquero lo habilitaron con todas las normas de higiene y se estaba recién inaugurando, hubo una votación de todos los trabajadores del sector y el 99% dijo mi nombre para bautizarlo.

    Lo bueno es que se hizo en vida, no cuando hubiese dejado la mina o ya no estuviera. Fue uno de los momentos más emocionantes después del rescate, porque te reconocen tus pares, tus ganchos, los viejos que trabajaron contigo. Y mientras exista la mina Diablo Regimiento va a perdurar mi nombre y lo que hice.