» Acceso proveedores » Acceso trabajadores » Canales de denuncia » Transparencia activa
Usos del cobre

Civilización humana: una historia teñida de cobre

No importa en qué lugar del mundo estés, hacia donde mires invariablemente encontrarás cobre en alguna de sus formas. Desde que el ser humano lo descubrió y aprendió a usarlo para su beneficio, nunca se ha alejado de nuestras vidas y ha tenido usos muy diferentes a lo largo de los siglos.

COMPARTIR
  • Linkedin
  • Facebook
  • Twitter
Disminuir Fuente Aumentar Fuente Imprimir
El primer metal

 Imagen foto_00000004

Desde su posición central en la tabla periódica, el cobre se caracteriza por tener puntos de ebullición y fusión elevados y por ser un buen conductor de calor y electricidad. Gracias a sus propiedades y por encontrarse en estado nativo en la naturaleza (no combinados con otros elementos), fue uno de los primeros metales que el ser humano utilizó.

Las primeras evidencias son casi tan antiguas como el surgimiento de las civili-zaciones. Conocemos utensilios de cobre recocido en Anatolia y Kurdistán (en la actual Turquía) que tienen alrededor de 9 milaños y los primeros crisoles, cavidades en los hornos cuya finalidad es recibir el metal fundido, aparecieron hacia el 5000 a.C. en un amplio territorio, desde Oriente Próximo hasta los Balcanes y Egipto.

Hacia el 3000 a.C., después de siglos de un paciente proceso de adecuación tecnológica, se popularizó la técnica de añadir estaño al cobre. Si uno lo piensa, es una idea curiosa ya que el estaño es más blando que el cobre. Sin embargo, al combinarlos, la química hace de las suyas y la aleación resultante es más dura que los dos minerales. Esto desencadena la llamada Edad de Bronce, una revolución cultural que se expandió por todo el Viejo Mundo.

Mientras tanto, en América también se descubrieron las propiedades del cobre nativo. En la región de los Grandes Lagos, en América del Norte, sus habitantes ya utilizaban la técnica de golpear el mineral para darle forma de puntas de flecha desde hace unos 6 mil años. En Sudamérica precolombina, en el siglo IV a. C., la poderosa cultura Moche, en la costa norte del Perú actual, había desarrollado una refinada metalurgia de este metal. Más hacia el sur, en el norte de Chile, pese a ser un área culturalmente marginal y no el centro de un gran imperio, la metalurgia del cobre se remonta a más de 2500 años.

Pero la tecnología es imparable y el camino que ha recorrido el ser humano y su inagotable curiosidad no se detuvo en la Edad del Bronce. Hacia el 1000 a.C. esta aleación comienza a ser reemplazada por el hierro en la fabricación de diferentes herramientas. La época que se inicia en ese momento se conoce como Edad del Hierro.

La religión, la economía y el arte

Al ingresar a la famosa Catedral de Wittenberg, en Alemania, y elevar la vista, nos encontraremos con una campana forjada a fines de la Edad Media y hecha del mismo material que la estatua del memorial de Lutero que hay a poca distancia y que fue instalada más de tres siglos después, conmemorando el inicio a la Reforma protestante: cobre en alguna de sus aleaciones.

Desplazado en muchas aplicaciones militares, desde la Edad Antigua, pasando por la Edad Media y hasta llegar al siglo XX, el cobre se populariza en objetos decorativos, estatuas, como material de construcción y, de forma muy importante, en monedas. Así, al contrario de lo que se podría pensar, su entrada en desuso dentro del ámbito de la guerra y en otro tipo de herramientas, dio paso a su empleo en aplicaciones que se multiplicaron durante los siglos venideros. Las catedrales góticas europeas aún conservan grandes campanas, puertas y estatuas, candelabros, braseros, arcas y cofres cuyo componente esencial es el cobre.

Durante los siglos XVII y XVIII en Europa, el cobre y sus aleaciones adquirieron gran importancia debido a algunos nuevos artefactos, como los relojes y los instrumentos musicales perfeccionados durante el Barroco. Sin el desarrollo de los llamados "bronces" (trompetas, trombones, tubas, etcétera) cuyo uso se extendió a partir de dicha época, nuestro mundo sonoro sería radicalmente distinto a como lo conocemos.

Cables

Pero todavía faltaba otra revolución que tendría como protagonista a este multifacético mineral. Cuando Michael Faraday, en 1831, inició el desarrollo de los generadores eléctricos, marcó el inicio de una nueva era para la humanidad y también para el cobre, incrementando su demanda y usos de forma explosiva. Los cables eléctricos y de telefonía, así como toda gama de productos electrónicos, desde los más simples hasta los más sofisticados, son tecnologías moldeadas en torno al cobre y sus propiedades. Nunca en la historia de la humanidad el cobre había beneficiado a tantas personas, hogares y servido para tantas tareas como hoy.

La creciente necesidad de esta materia prima producto de todas sus nuevas apli-caciones en el sector industrial, particularmente las relacionadas con la electrónica, obligó al imperio más grande del siglo XIX, Gran Bretaña, a convertirse en su mayor productor a escala global. Pero tras la pérdida de sus colonias, las crisis económicas y las guerras mundiales, este orden se fue alterando y así es como durante el siglo XX llegan otros países a situarse a la cabeza de la extracción del mineral: Estados Unidos, China, Perú y, especialmente, Chile, el mayor productor de la actualidad.

El mundo sería muy diferente si nunca hubiéramos aprendido a sacar provecho de las propiedades de este metal. Por ello, es una buena noticia que pese a ser un recurso no renovable, las reservas de este mineral están muy lejos de agotarse. Aún mejor es saber que el cobre es 100% reciclable y no pierde ninguna de sus propiedades químicas o físicas en el proceso. Podemos estar seguros de que lo seguiremos viendo en el futuro, en aplicaciones que todavía ni siquiera somos capaces de soñar.