Hace 14 años que Jorge Fuentes Ortega, operador experto del proceso de manejo de gases de la Fundición Caletones, forma parte de División El Teniente. Su trayectoria profesional ha ido de la mano con una exigente carrera deportiva, que hoy lo posiciona como campeón nacional de lucha olímpica en la categoría 92 kilos. Un logro que refleja disciplina, constancia y un profundo compromiso con su estilo de vida.

Comencé en artes marciales mixtas, peleando en jaulas, pero siempre quise ser luchador olímpico. Antes no había profesores de lucha en Rancagua, así que esperé. Cuando mi entrenador regresó desde Santiago y abrió la Academia Budo Sports, pude por fin dedicarme a la lucha. Ya llevo cinco años entrenando de lleno.
Este campeonato es la culminación de un largo proceso. Llevo compitiendo en cuatro nacionales, antes gané plata y bronce, y eso me motivó a seguir buscando el oro, incluso entrenando menos horas que otros atletas que tienen jornadas dobles diarias. Todo ese trabajo, más los viajes a Santiago y el entrenamiento con los seleccionados, terminó dando frutos.
Solo agradecer a Dios. Todo lo que he logrado se lo debo a él: la salud, la fortaleza y la templanza para entrenar, trabajar y competir. Nada de esto sería posible sin eso. Detrás de esta medalla hay semanas de entrenamiento, sacrificio familiar, viajes, cansancio y disciplina. También es una forma de agradecer a mi pareja, a mi equipo y a quienes han confiado en mí. Haber logrado el oro en 92 kilos es la suma de todo eso.
Es difícil. Mis días empiezan a las 6 de la mañana tomando el bus y termino cerca de las 9 de la noche al volver a casa. A eso hay que sumar la alimentación estricta, el descanso y los entrenamientos. Pero con disciplina todo se puede. Lo que me ha mantenido firme es tener claros mis objetivos y sostener hábitos saludables en el tiempo.
Lo que más destaco es el compañerismo. He tenido la suerte de trabajar con personas con mucha experiencia que me enseñaron desde el primer día, y también con colegas que entramos juntos y hemos ido creciendo. Hay buena disposición, apoyo y un espíritu de colaboración que marca la diferencia.
Principalmente la disciplina y el autocuidado. Mis compañeros ven que soy ordenado con mis comidas, mis rutinas y mis descansos. Eso mismo lo aplico en el proceso: trabajar de forma segura, hacer las cosas bien y sin arriesgar de más. Siempre digo que lo primero es la vida, porque nuestras familias nos esperan en casa.
Si algo no está en condiciones, no se hace. En el deporte funciona igual: si una máquina está mala, no la usas porque te lesionas. En Fundición, si ves una acción o condición insegura, la detienes. La seguridad siempre tiene que ser lo primero.
Seguir entrenando mientras mi cuerpo lo permita, porque esto es un estilo de vida. Y en Fundición quiero seguir creciendo. Como operador experto todavía me quedan créditos por avanzar, así que espero seguir desarrollándome junto a mi equipo.