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Ingrid García, mantenedora mecánica, Taller Sub 6: “Llevé el orden de la gastronomía al mantenimiento: tener todo en su lugar es la base para trabajar seguros”

Ingrid García jamás imaginó que cambiaría la gastronomía y la estética por el mantenimiento de equipos LHD. Hoy, como mantenedora mecánica del Taller Sub 6, lleva cinco años demostrando que la pasión y la adaptabilidad son claves en la minería. A través del programa Aprendices descubrió el mundo desafiante de la minería del que se enamoró, y desde donde impulsa a diario una cultura preventiva basada en el orden y la concentración absoluta.

¿Cómo llegaste a la División?

Creo que la vida siempre tiene preparadas sorpresas. Yo estudié cocina internacional y después trabajé en belleza, entonces la minería no era mi tema. Se me dio la oportunidad de entrar por el programa Aprendices en plena pandemia y yo creo que cuando uno tiene ganas, todo es posible. Al llegar tuve que ir adaptándome y me empecé a enamorar cada día más de lo que hago.

¿De qué se trata tu trabajo? 

Trabajo particularmente en las mantenciones semanales, mensuales, bimensuales y anuales de los equipos LHD, como los Sandvik 410, 514 y las palas telecomandadas. Hacemos cambios de componentes, reemplazo de filtros de aire y aceite, revisión de neumáticos y pautas de inspección visual.

¿Qué es lo que más te gusta de tu labor? 

Que es entretenido porque todos los días aprendo algo nuevo. Soy una persona muy apasionada y no podría levantarme para ir a un lugar donde no voy a ser feliz; ese es el ejemplo que le quiero dar a mis hijas. Además, traje algo de mi formación anterior: en la cocina usamos la mise en place, que es ordenar y medir todo antes de una preparación. Entonces, llevé el orden de la gastronomía al mantenimiento para tener mis herramientas y mi tarjeta ART ordenadas, y creo que es la base para trabajar seguros. Es muy gratificante ver que, con el tiempo, mis compañeros también empezaron a adoptar ese orden.

¿Cuánto tiempo llevas en El Teniente? 

Llevo cinco años en la División. En un comienzo no me la creía, sentía que apostaban mucho por mí. Codelco es una empresa reconocida internacionalmente y uno no le toma el peso hasta que está acá adentro y se da cuenta de que somos el sustento de nuestro país. Al principio me frustré porque era un mundo completamente nuevo, y por ejemplo, los nombres de las piezas no me coincidían, pero lo superé. Hoy me siento muy orgullosa de ser parte de esta generación y de todas las personas que trabajan acá.

¿Qué mensaje de seguridad le entregarías a las y los trabajadores de la División? 

Tenemos que ser conscientes. Esa es la clave. Conscientes de que todos tenemos a alguien esperándonos de vuelta. En nuestro trabajo no puede existir la "doble presencia"; muchas veces cuesta separar los problemas de afuera, pero aquí la concentración debe ser total. Nuestra labor es de mucha delicadeza y cualquier movimiento en falso nos puede llevar a un extremo. El beso que yo le doy a mi hija diciendo "nos vemos a la vuelta" es una promesa que uno debe mantener viva en cada turno.