
Ingrid García jamás imaginó que cambiaría la gastronomía y la estética por el mantenimiento de equipos LHD. Hoy, como mantenedora mecánica del Taller Sub 6, lleva cinco años demostrando que la pasión y la adaptabilidad son claves en la minería. A través del programa Aprendices descubrió el mundo desafiante de la minería del que se enamoró, y desde donde impulsa a diario una cultura preventiva basada en el orden y la concentración absoluta.
Creo que la vida siempre tiene preparadas sorpresas. Yo estudié cocina internacional y después trabajé en belleza, entonces la minería no era mi tema. Se me dio la oportunidad de entrar por el programa Aprendices en plena pandemia y yo creo que cuando uno tiene ganas, todo es posible. Al llegar tuve que ir adaptándome y me empecé a enamorar cada día más de lo que hago.
Trabajo particularmente en las mantenciones semanales, mensuales, bimensuales y anuales de los equipos LHD, como los Sandvik 410, 514 y las palas telecomandadas. Hacemos cambios de componentes, reemplazo de filtros de aire y aceite, revisión de neumáticos y pautas de inspección visual.
Que es entretenido porque todos los días aprendo algo nuevo. Soy una persona muy apasionada y no podría levantarme para ir a un lugar donde no voy a ser feliz; ese es el ejemplo que le quiero dar a mis hijas. Además, traje algo de mi formación anterior: en la cocina usamos la mise en place, que es ordenar y medir todo antes de una preparación. Entonces, llevé el orden de la gastronomía al mantenimiento para tener mis herramientas y mi tarjeta ART ordenadas, y creo que es la base para trabajar seguros. Es muy gratificante ver que, con el tiempo, mis compañeros también empezaron a adoptar ese orden.
Llevo cinco años en la División. En un comienzo no me la creía, sentía que apostaban mucho por mí. Codelco es una empresa reconocida internacionalmente y uno no le toma el peso hasta que está acá adentro y se da cuenta de que somos el sustento de nuestro país. Al principio me frustré porque era un mundo completamente nuevo, y por ejemplo, los nombres de las piezas no me coincidían, pero lo superé. Hoy me siento muy orgullosa de ser parte de esta generación y de todas las personas que trabajan acá.
Tenemos que ser conscientes. Esa es la clave. Conscientes de que todos tenemos a alguien esperándonos de vuelta. En nuestro trabajo no puede existir la "doble presencia"; muchas veces cuesta separar los problemas de afuera, pero aquí la concentración debe ser total. Nuestra labor es de mucha delicadeza y cualquier movimiento en falso nos puede llevar a un extremo. El beso que yo le doy a mi hija diciendo "nos vemos a la vuelta" es una promesa que uno debe mantener viva en cada turno.