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El cobre es un pilar de la civilización:
estaba presente cuando la Edad de Piedra quedó atrás,
fue una herramienta importante para inventores, artesanos y artistas
durante milenios, sirvió para hacer realidad el vértigo
del progreso durante los últimos dos siglos, y es un elemento
clave para el futuro de la humanidad.
Los seres humanos de comienzos del siglo XXI están en contacto
permanente con el cobre, en sus casas, en sus oficinas, en las calles,
en los automóviles, cuando realizan acciones inherentes a
la vida moderna: prender la luz, hablar por teléfono o tomar
agua en sus casas. Y ese contacto aumenta con el alumbramiento de
nuevas tecnologías.
La forma de presentación más común del cobre
en estado puro es como un metal rojizo. Pero también tiene
otras facetas: participa en unas 450 aleaciones. Y, por cierto,
aparece como componente de la naturaleza: el cobre es indispensable
para la vida animal y vegetal en la Tierra.
En la tabla periódica de los elementos el cobre tiene su
propio símbolo: 'Cu'. Su número atómico es
29, su masa atómica es 63,546, su punto de fusión
es de 1.083 grados centígrados, su punto de ebullición
es de 2.567 grados centígrados, y es definido como un metal
de transición, no ferroso.
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